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A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será.
Actualmente, el destino del mundo depende, en primer lugar, de los estadistas y, en segundo lugar, de los intérpretes.
Debemos obrar, no para ir contra el destino, sino para ir delante de él.
Destino acostumbrado de las nuevas verdades es aparecer como herejías y terminar como supersticiones.
El destino ayuda a quien lo acepta y arrastra a quienes se resisten.
El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices.
El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio.
El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos.
El destino mezcla las cartas, y nosotros jugamos.
El destino puede seguir dos caminos para causar nuestra ruina: rehusarnos el cumplimiento de nuestros deseos y cumplirlos plenamente
El destino tiene dos maneras de herirnos: negándose a nuestros deseos y cumpliéndolos
El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma.
El hombre consecuente cree en el destino
El hombre es el verdadero creador de su destino. Cuando no está convencido de ello no es nada en la vida.
El reposo no es el destino del hombre, y la seguridad es sólo una ilusión.
Este es el destino común de los astutos: hacer sus dibujos tan sutiles que se rompen por su misma finura.
Existe el destino, la fatalidad y el azar
Hacemos nuestra fortuna y la llamamos destino.
La educación es la clave del futuro. la clave del destino del hombre y de su posibilidad de actuar en un mundo mejor.
Llamamos destino a todo cuanto limita nuestro poder.
Lo importante no es lo que nos hace el destino, sino lo que nosotros hacemos de él.
Lo que se considera ceguera del destino es en realidad propia ceguera.
Lo que todas las personas tenemos en común no es el espíritu, sino el destino.
Lo que un hombre piensa de sí mismo, esto es lo que determina, o más bien indica, su destino.
Los días no adquieren sabor hasta que uno escapa a la obligación de tener un destino.
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