El amor es pérfido.
El que no piensa en sus deberes sino cuando se los recuerdan, no es digno de estimación.
Los que propagan la calumnia y los que escuchan, todos ellos deberían ser colgados: los propagadores, por la lengua, y los oyentes por las orejas.
Si puedo preservar mi buen nombre, seré suficientemente rico.
Vale más un testigo de vista que diez de oídas.