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A los silenciosos no se les puede quitar la palabra.
Cuando el agua te llega al cuello, no te preocupes si no es potable.
Cuando no sopla el viento, incluso la veleta tiene carácter.
Cuando saltes de alegría, cuida de que nadie te quite la tierra debajo de los pies.
El progreso de la medicina nos depara el fin de aquella época liberal en la que el hombre aún podía morirse de lo que quería.
El que muriera no prueba que hubiese vivido.
La ignorancia humana no permanece detrás de la ciencia, crece tan rapidamente como esta.
La primera obligación de la inteligencia es desconfiar de ella misma.
Las ideas, como las pulgas, saltan de un hombre a otro. Pero no pican a todo el mundo.
Muchos que quisieron traer luz, fueron colgados de un farol.
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