Cuando era pequeña me decían:
Cuando se es amado, no se duda de nada. Cuando se ama se duda de todo.
Los viajes sólo son necesarios para las imaginaciones menguadas.
Soportaría gustosa una docena más de desencantos amorosos, si ello me ayudara a perder un par de kilos.
Una mujer disfruta con la certeza de acariciar un cuerpo cuyos secretos conoce y cuyas preferencias son sugeridas por el suyo propio.