Al trabajo le llaman virtud los que no tienen que trabajar, para engañar a los que trabajan.
De todas las formas de engañar a los demás, la pose de seriedad es la que hace más estragos.
Engañar a los hombres de uno en uno es bastante más difícil que engañarlos de mil en mil. por eso el orador tiene menos mérito que el abogado o el curandero.