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Matemático estadounidense. Hijo de un profesor de lenguas eslavas emigrado a Harvard, fue un niño extremadamente precoz que a la temprana edad de dieciocho años obtuvo un doctorado de lógica matemática en Cambridge, Reino Unido, donde estudió con Bertrand Russell. Luego viajó a Alemania para seguir estudiando en la Universidad de Gotinga. Tras fracasar en su intento de enrolarse en el ejército y combatir en la Primera Guerra Mundial, en 1919 el Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT) le propuso organizar y estructurar un departamento de matemáticas. Científico de múltiples intereses, en la década de 1920 participó, junto con Banach, Helly y Von Neumann, en el desarrollo de la teoría de los espacios vectoriales; más tarde, orientaría su atención hacia las series y las transformadas de Fourier y la teoría de números. En los años cuarenta elaboró los principios de la cibernética, teoría interdisciplinar centrada en el estudio de las interrelaciones entre máquina y ser humano y que en la actualidad se encuadra dentro del ámbito más general de la teoría de control, el automatismo y la programación de computadoras. En 1947 publicó el ensayo Cibernética o control y comunicación en el animal y en la máquina. Se interesó por la filosofía y por la neurología como áreas del saber fundamentales para la cibernética. Así pues, más allá de convertirse en ciencia, la cibernética abría un campo de reflexión interdisciplinar que aportaba distintos criterios a numerosas áreas de la tecnología. En este sentido, en el avance de la construcción de autómatas y, sobre todo, en el desarrollo de las computadoras, Norbert Wiener se erigió en uno de los grandes precursores de la era digital con la que se inaugura el siglo XXI. (Columbia, EE UU, 1894-Estocolmo, 1964).
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El mundo llama inmorales a los libros que le explican su propia vergüenza.
El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer.
El único deber es el deber de divertirse terriblemente.
El único deber que tenemos con la historia es rescribirla.
El único encanto del pasado consiste en que es el pasado.
El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expone.
En asuntos de vital importancia, el estilo, y no la sinceridad, es lo verdaderamente vital.
En asuntos de vital importancia, lo vital es el estilo, no la sinceridad.
En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza.
En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados y los buenos recompensados. el éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles.
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