
Libros de Liev Nikolaievich Tolstói
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Escritor y moralista ruso. Huérfano en su primera infancia, heredó, al alcanzar la mayoría de edad, 330 «almas» (siervos) y varias propiedades, entre ellas Yasnaia Poliana. Educado por profesores particulares, siguió cursos de lenguas orientales y leyes en la Universidad de Kazán; pero no terminó allí sus estudios. A los 23 años ingresó en el Ejército y, mientras su unidad estaba de guarnición en el Cáucaso, escribió parte de un cuento semiautobiográfico, Infancia, adolescencia y juventud, con el que irrumpió en el campo de las letras (1852). Dos años más tarde se distinguió en el sitio de Sebastopol, donde, pese a la intensa actividad, aún halló tiempo para continuar la narración mencionada y componer sus Cuentos de Sebastopol, uno de los primeros intentos de literatura pacifista. Al incorporarse a la vida civil, no bien acabada la Guerra de Crimea, siguió escribiendo y compuso varias novelitas y cuentos,como Dos húsares (1856), Tres muertes (1859) y Polikushka (1860). Hizo también dos viajes al extranjero, que le confirmaron en su desprecio a la civilización burguesa de la Europa occidental. En su segundo viaje, estudió los métodos didácticos de Inglaterra y Alemania. Interesado a la sazón por la enseñanza, estableció en Yasnaia Poliana una escuela modelo, en la que llevó a la práctica el principio de proscribir en aquélla toda disciplina y coacción. Fundó también una revista, en la que expuso sus teorías pedagógicas. Pronto abandonó escuela y periódico, pero siguió profundamente interesado por los problemas de la enseñanza. Años más tarde, cuando era ya un famoso novelista, compiló una cartilla, una aritmética y un manual graduado de lectura que sirviera de texto en las escuelas primarias.
A los 34 años casó con la hija de un médico de Moscú, Sofía Andreievna Bers, que sólo contaba 18 años, y se estableció en Yasnaia Poliana para simultanear la vida de caballero hacendado y escritor. En 1863 publicó Los cosacos, novela en la que había invertido esporádicamente casi doce años y a la que siguió Guerra y paz, monumental crónica de la vida rusa, tal como la conoció la nobleza durante las guerras napoleónicas, que apareció en fascículos durante los años 1865-69. Luego dio a la luz (1875-77) la novela de costumbres contemporáneas Ana Karenina, historia de adulterio y felicidad matrimonial en un ambiente aristocrático, cuyo realismo no se halla empañado por su indudable propósito moralizador. En estas dos últimas obras, que rayan a la altura de las mejores, descansa la fama universal de Tolstói como novelista.
Eterno perseguidor de modos y medios para hallar la fórmula de la justicia en la vida, sufrió al filo de los 50 años una crisis espiritual que describe en Confesión (escrita en 1879 y revisada en 1882). Como resultado de esa crisis abrazó un cristianismo sin dogma ni ritual, basado en el amor y en la no resistencia al mal por la fuerza. Su fe le llevó a repudiar las instituciones de la Iglesia y el Estado. Aunque con su crítica social contribuyó al progreso del radicalismo, condenó por igual la revolución y la guerra, la pena de muerte y la dieta que exigiera el sacrifico de animales. Puso en tela de juicio el valor de la ciencia y los adelantos de la civilización industrial, y, en el campo de las artes y las letras, condenó muchas obras por inaccesibles a las masas e incapaces de unir a los hombres. Fijó como ideal de vida la pobreza voluntaria, el trabajo manual y la autodisciplina ascética. Por vía de compromiso con su conciencia, cedió en 1888 sus posesiones a su familia y, tres años más tarde, entregó al dominio público los derechos de sus obras escritas a partir de 1881.
Pero su conversión religiosa no le hizo abandonar su carrera literaria. Entre 1886 y 1904 escribió una serie de novelas cortas, como Iván el imbécil (1886), La sonata a Kreutzer (1889), Amo y criado (1893), El padre Sergio (terminada en 1898 y publicada póstumamente), Hagi-Murat (concluida en 1904 y publicada póstumamente), así como Resurrección (1899). En la mayoría de estas novelas, así como en las seis obras de teatro que escribió entre 1886 y el año de su muerte, domina una gran preocupación ética. Entre sus obras dramáticas descuellan El poder de las tinieblas, drama intenso sobre el pecado y la expiación, y El cadáver viviente (conocida también bajo el título de Redención), representada después de su muerte, que describe la incompetencia trágica del estado para tratar las íntimas relaciones humanas. Los cuentos sencillos que publicó en sus últimos años, unos 20 en total, no son sino las parábolas de un predicador laico. Tolstói expuso sus doctrinas éticas y religiosas en numerosos folletos, opúsculos, tratados teológicos y centenares de cartas particulares. En 1901 fue excomulgado por el Santo Sínodo. La censura rusa prohibió muchas de sus obas no específicamente literarias, que, sin embargo, circularon en ediciones extranjeras; pero las autoridades no se atrevieron a poner las manos en un hombre cuyo prestigio como guía espiritual había adquirido proporciones inmensas. Reconocido universalmente como el primer escritor y la «conciencia viva» de su país, algunos de sus discípulos formaron una verdadera secta laica, que, sin embargo, no le sobrevivió mucho tiempo.
En sus últimos años, el filósofo de Yasnaia Poliana vivió angustiado por el abismo existente entre la vida que predicaba y el estilo convencional de vida a que se veía forzado por las circunstancias, angustia que vinieron a agravar las desgraciadas relaciones con su esposa, la cual, después de darle trece hijos y ser su ayuda y consuelo durante muchos años, al final dejó de compartir sus afanes y se volvió contra él; por añadidura, empezó a dar muestras de hallarse trastornada. El 10 de noviembre de 1910 Tolstói abandonó en secreto su casa para morir en una solitaria estación de ferrocarril dos días después. (1828, Yasnaia Poliana, aldea de la provincia de Tula - 1910 Astapowo).
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Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego.
La atracción principal del servicio de las armas ha consistido y consistirá en su atractiva e irreprochable pereza.
La completa y total tristeza es tan imposible como la pura y completa alegría.
La felicidad consiste, en no hacer siempre lo que tú quieres, sino en siempre haber querido hacer lo que tú haces.
La más poderosa de las armas de la ignorancia, la difusión de material impreso.
La muerte no es más que un cambio de misión.
La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo se me ha sido dado por el corazón.
La vida consiste en la comprensión de la verdad.
La vida pasa y el ser, como la bellota, como el niño, o a veces como el adulto, no advierte ese movimiento, ni lo impulsa ni lo estorba.
Los hijos son tormento, y no otra cosa.
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