La insurrección es un arte, y como todas las artes, tiene sus leyes.
La revolución no escoge sus caminos: hizo sus primeros pasos hacia la victoria bajo el vientre del caballo de un cosaco.
La vejez es la cosa más inesperada de las que le pasan al hombre.
Las revoluciones son siempre charlatanas.
Que Stalin alcanzase su posición fue la suprema expresión de la mediocridad del aparato.