La no-violencia en sí puede no producir los cambios necesarios, pero por lo menos produce menos cadáveres.
No podemos elegir cómo vamos a morir o cuándo vamos a hacerlo. Sólo podemos decidir cómo vamos a vivir.
Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella.