El deporte delega en el cuerpo alguna de las virtudes más fuertes del alma: la energía, la audacia, la paciencia.
El hombre que no sabe correr, saltar, nadar... es como un automóvil en el que sólo se emplea la primera velocidad.
Existen verdades que pueden matar a un pueblo.
Gracias a nuestra ignorancia, que no a nuestros conocimientos, vamos seguros por la vida.
Los escritores deformes son la conciencia diabólica del mundo.
Los países son como las estrellas: pueden resplandecer y brillar siglos enteros después de su extinción.
Sólo se reconoce el error cuando todo el mundo lo comparte.