Bienaventurados los que no tienen nada que decir, y que resisten la tentación de decirlo.
Hay dos clases de flaqueza: la que se quiebra y la que se pliega.
La democracia otorga a cada uno de los hombres el derecho a ser el opresor de sí mismo.
Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra.
Si la juventud es un defecto, es un defecto del que nos curamos demasiado pronto.