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Filósofo español. Ingresó en el seminario de Vic (1817) y cursó filosofía y teología en Cervera (1826-1835; sacerdote desde 1834). Catedrático de matemáticas en Vic (1836-1840), se interesó por el movimiento intelectual francés (Lamennais, De Bonald, De Maistre). Se estableció en París para preparar la versión francesa de El protestantismo comparado con el catolicismo (1842) y, en Inglaterra, conoció los problemas socialista e irlandés. Ya en Barcelona, dirigió la revista La Sociedad (1843), en la que abordó problemas económicos, sociales y religiosos (propugnó la protección de la industria y de la agricultura catalanas y las asociaciones obreras como instrumento para acuerdos sobre salarios y horas de trabajo; combatió la idea burguesa de que las reivindicaciones sociales eran asunto de orden público y el centralismo madrileño ante el incipiente nacionalismo catalán). En 1844 marchó a Madrid para dirigir la revista El Pensamiento de la Nación, en la que desarrolló su ideario: monarquía, unidad de liberales y carlistas (promovió, aunque sin éxito, el matrimonio entre Isabel y el conde de Montemolín) y restablecimiento de las relaciones con la Santa Sede (tras intentar reparar las consecuencias de la amortización). Viajó a Francia de nuevo (1845), donde leyó las novedades filosóficas y elaboró la Filosofía fundamental (1846), resumida en Filosofía elemental (1847); sin embargo, su primera obra filosófica fue El criterio (1843). Filósofo más importante de la España del s. XIX, Balmes moderniza la escolástica y, a impulsos de la filosofía escocesa del sentido común, centra su atención en el problema de la certeza y en el criterio de ésta (conciencia, evidencia, instinto intelectual). Secretario (1847) del nuncio en Madrid, influyó en el nombramiento de obispos (entre ellos Antonio María Claret para Cuba) y escribió el libro Pío IX, mal acogido por los círculos integristas, pues afrontaba la dificultad de juzgar la vía elegida por el papa. Miembro de la Real Academia (1848), enfermó de gravedad y se retiró a Vic.
(Vic, 1810- id., 1848).
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Dudar de todo es carecer de lo más preciso de la razón humana, que es el sentido común
El argumento o razón de analogía es la base en que descansa el sentido común
El corazón necesita amar. Celestial o terreno, ha de amar algún objeto, y es vano luchar contra esta ley
El hombre emplea la hipocresía para engañarse a sí mismo, acaso más que para engañar a los otros
El medio para deshacerse de un hombre amante de contradecir es callar y escuchar reposadamente
El trabajo es un título natural para la propiedad del fruto del mismo, y la legislación que no respete este principio es intrínsecamente injusta
En la lectura debe cuidarse de dos cosas: escoger bien los libros y leerlos bien
Gloria no es sinónimo de fama
Hasta los sentimientos buenos, si se exaltan en demasía, son capaces de conducirnos a errores deplorables
La atención es la aplicación de la mente a un objeto; el primer medio para pensar es escuchar bien
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