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Dramaturgo español, n. y m. en Madrid. Comenzó a cursar la carrera de derecho en la Universidad Central, pero a la muerte de su padre -el notable médico pediatra Mariano Benavente (1818-85)- abandonó sus estudios para dedicarse por entero a la literatura, en la que había de alcanzar fama universal. Ingresó en la Real Academia Española en 1912, ocupó en 1918 un escaño en el Congreso de los diputados y en 1947 asumió, a título honorario, la presidencia de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores. En 1924 recibió el título de hijo predilecto de Madrid concedido por su Ayuntamiento. Conquistó preciados galardones: premio Nobel de Literatura en 1922, gran cruz de Alfonso X el Sabio en 1924, medalla de Mérito en el Trabajo en 1950.
Antes de dedicarse de lleno a la producción escénica, viajó por Europa, colaboró en revistas modernistas, alguna de las cuales dirigió (Vida Literaria, 1898), y publicó Teatro fantástico (1892), con piezas cortas no destinadas a la representación. En su carrera de dramaturgo abordó todos los géneros teatrales: tragedia, comedia, drama, sainete. Todos los ambientes encontraron cabida y cabal expresión en su escena: el rural y el urbano, el plebeyo y el aristocrático. Su teatro constituye una galería completa de tipos humanos al igual que el de Ibsen. La comedia benaventina típica, costumbrista, moderna, incisiva, supone una reacción contra el melodramatismo desorbitado de Echegaray. Lejos del aparato efectista de este último, Benavente construye sus obras tomando como fundamento la vida. Realismo, naturalidad y verosimilitud son los tres supuestos de que parte su arte, sin excluir en muchos momentos cierto hálito de poesía o de exquisita ironía. Conoce perfectamente todos los recursos escénicos y sabe dar relieve dramático a las acciones más intrascendentes. En realidad puede decirse que con su primera obra, El nido ajeno (1894), en que plantea un problema de celos entre hermanos, abre un nuevo período en la dramaturgia española.
Su arte innovador culmina en Los intereses creados (1907), en que se ponen en movimiento los personajes de la «commedia dell´arte» italiana con psicología española y se hace una finísima crítica del positivismo imperante en la sociedad contemporánea. La obra recibió tan entusiasta acogida que, a la terminación de su representación en el Teatro Lara de Madrid, su autor fue llevado en volandas hasta su domicilio por un público enfervorizado.
Recordemos otros títulos famosos salidos de su pluma: La noche del sábado (1903), «novela escénica» impregnada de poesía; Rosas de otoño (1905), comedia sentimental; Señora ama (1908), penetrante estudio psicológico de una mujer asediada por los celos; La malquerida (1913), drama rural de sombrío realismo, uno de los hitos del teatro benaventino; Campo de armiño (1916), La ciudad alegre y confiada (1916), Pepa Doncel (1928), Aves y pájaros (1940), Titania (1946), La infanzona (1947), Abdicación (1948), Ha llegado Don Juan (1952), El alfiler en la boca (1954). En total el dramaturgo había escrito 172 obras cuando le sorprendió la muerte. Cultivó además la poesía (Versos, 1893), el cuento, el periodismo y otras modalidades literarias (Cartas de mujeres, 1893; Pensamientos, 1931) con muy destacado acierto.(Jacinto Benavente Martínez, 1866-1954).
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La admiración no interroga nunca: con admirar comprende
La calumnia no puede ser nunca más que la venganza de los cobardes
La felicidad es mejor imaginarla que tenerla
La felicidad no existe en la vida. Sólo existen momentos felices
La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe
La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto; la mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños, y por fin el disgusto grande
La única aristocracia posible y respetable es la de las personas decentes
La vanidad hace siempre traición a nuestra prudencia y aún a nuestro interés
Las mujeres perdonan alguna vez al que las ha engañado, pero nunca al que no han podido engañar
Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos
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