Citas del autor en versión PDF

Dominico francés. Abogado en París, la lectura de Chateaubriand le llevó de nuevo a la fe (1823). Sacerdote en 1827, entró en contacto con Lamennais y formó parte de la redacción de LÁvenir, donde propugnó la libertad y la renovación de la Iglesia. Puesta en duda la ortodoxia de la revista y condenada por el papa su orientación, se sometió a la decisión pontificia y se apartó de Lamennais. A partir de 1834, se dio a conocer como orador en las conferencias cuaresmales de Nuestra Señora de París. En 1839 recibió en Roma el hábito de santo Domingo y regresó a su patria, donde dedicó los últimos años de su vida a la consolidación de la orden, a la que rigió en dos ocasiones. Como orador, consiguió para la Iglesia el respeto de su generación e inició, además, el camino de un ahondamiento religioso. (Recey-surOurce, 1802-Sorèze, 1861).
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Dios: lo más evidente y lo más misterioso.
El amor es el principio de todo, la razón de todo, el fin de todo.
El carácter es la energía sorda y constante de la voluntad.
El desprecio de la muerte, he ahí el principio de la fuerza moral.
El hombre honrado es el que mide su derecho por su deber.
La adversidad descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir.
La amistad es el más perfecto de los sentimientos del hombre, pues es el más libre, el más puro y el más profundo.
La caridad es el océano desde donde salen y a donde van a parar todas las demás virtudes.
La desgracia abre el alma a una luz que la prosperidad no ve.
La distancia es la piedra de toque de los verdaderos afectos.
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