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Poeta prusiano. De origen judío, estudió literatura, derecho y filosofía en Bonn y Berlín; entre sus profesores y amistades se contaron Schlegel, Hegel. De 1822 datan sus primeras composiciones líricas, claramente influidas por Byron y Fouqué. En 1823 publicó Intermezzo lírico, obra unida a dos tragedias (Almanzor y Ratcliff) de la que cabe destacar su vena melódica, y en 1826 la primera parte de los Cuadros de viaje, cuya edición en cuatro volúmenes completó en 1831. Estos primeros textos en prosa conjugan un ferviente lirismo juvenil con una mordaz sátira contra personas e instituciones diversas. La prosa irónica y ágil de esta obra influyó en los autores alemanes posteriores y sentó las bases de un estilo que en un mismo texto fusionaba géneros como la poesía, el relato, el ensayo político, la crónica periodística y la autobiografía. En 1827 vio la luz Libro de canciones, fuente de inspiración de compositores como Schumann, Schubert y Brahms. Su radicalismo y sus cínicos ataques a la Academia alemana le indujeron a trasladarse a París (1831), donde conoció a personajes de la talla de Victor Hugo, Musset o George Sand. En 1835 publicó un ensayo sobre la cultura alemana, La escuela romántica, y estudios sobre Shakespeare y Cervantes. Ese mismo año fueron prohibidas todas sus obras en Alemania, país al que dedicó los versos satíricos de Alemania, un cuento de invierno (1844). Murió tras varios años de enfermedad, durante los que compuso el ciclo poético Romancero (1851). Póstumamente, en 1869, aparecieron sus Últimos poemas.(Düsseldorf, actual Alemania, 1797-París, 1856)
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Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres.
Cuando una mujer nos cautiva, ¿cómo discernir dónde empieza su sonrisa y dónde termina su boca?.
Dios me perdonará: es su oficio.
Dios nos ha dado la lengua para que podamos decir cosas amables a nuestros amigos y duras verdades a nuestros enemigos.
Donde se quiere a los libros también se quiere a los hombres.
El inteligente se percata de todo
El matrimonio es una alta mar para la que no se ha inventado todavía brújula alguna.
Es muy fácil perdonar a nuestros enemigos cuando no tenemos los medios de aniquilarlos.
Hasta después del llanto más sublime siempre acaba uno por sonarse.
La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.
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