
Libros de Gilbert Keith Chesterton
Citas del autor en versión PDF

Prolífico escritor inglés. Siendo estudiante de la St. Paul's School (1887-92), fundó The Debater, periódico en que, todavía en plena adolescencia, comenzó a denotar los rasgos personales que más tarde le harían famoso: abstracción mental, carácter suave, pero tenaz en la defensa de sus ideas, y profundo interés por los graves problemas de muchas de las disciplinas filosóficas. En su aspecto físico, ya era a la sazón el sujeto corpulento, desgarbado y desaliñado que sería toda su vida. En 1901 casó con Frances Bolgg, hija de un comerciante de diamantes londinense. Ante su talento para el dibujo decidieron sus padres ingresarlo en la Slade School of Art, al tiempo que estudiaba literatura en la Universidad de Londres. Pronto se impuso su vocación literaria, que le abrió fácil camino en el periodismo. En 1899, junto con otros jóvenes liberales, colaboraba en The Speaker.
Sus dos primeros volúmenes, ambos en verso, aparecieron en 1900: The Wild Knight y Greybeards at Play, ilustrados por el propio autor. Entre 1900 y 1910, escribió 20 libros e innumerables artículos sobre temas religiosos, sociales y políticos. En Heretics (1905) critica a Kipling y a los imperialistas; en Robert Browning (1903) y Charles Dickens (1906) hace gala de una sagaz crítica literaria; en Orthodoxy (1908) intenta exponer su «última actitud frente a la vida», considerando el cristianismo como la respuesta ideal a la variedad universal. En 1911, con The Innocence of Father Brown, inicia una serie de novelas detectivescas que continúa hasta 1927. El modelo que informa al protagonista de la obra fue un sacerdote católico, el padre O'Connor. Poco antes del comienzo de la I Guerra Mundial apareció su brillante obra Victorian Age in Literature (1913). Pero con la guerra coincidió su grave enfermedad, originada por sus excesos en el trabajo, la comida y la bebida. A partir de su Short History of England (1917), su obra revela un acercamiento a la Iglesia católica. Fue bautizado por el padre O'Connor en julio de 1922, después de lo cual, en sus St. Francis of Assisi (1923) y The Everlasting Man (1925), trató de convencer a sus numerosos lectores de que el cristianismo conservaba toda su vitalidad e importancia. Durante los once últimos años de su vida se mantuvo incólume su asombrosa fecundidad literaria. Viajó por Estados Unidos y Canadá. Escribió también una serie de trabajos radiofónicos para la B.B.C.
En sus escritos campea un espíritu de juventud y travesura, que dio pie a sus detractores para tildarle de pueril; pero, tras esa capa superficial, han encontrado sus admiradores una mentalidad de recia y vigorosa contextura.(1874Campden Hill (Londres)-1936 Londres).
71 citas, página 6 de 8
« Anterior // 1 2 3 4 5 6 7 8 // Siguiente »
Los que se revolvieron contra las primeras invasiones de la maquinaria industrial tenían razón: no quizá en pensar que se reduciría el número de trabajadores, pero sí en que se reduciría el de dueños.
Muchos críticos de hoy han pasado de la premisa de que una obra maestra puede ser impopular, a la premisa de que si no es impopular no puede ser una obra maestra.
No es bueno que los hombres sepan hasta que punto somos buenos.
No hay cínicos, no hay materialistas. todo hombre es un idealista, sólo que sucede con demasiada frecuencia que tiene un ideal equivocado.
No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse.
No hay gente ineducada. todo el mundo está
Optimista es el que os mira a los ojos
Puedo creer lo imposible pero no lo improbable.
Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen.
Quienes hemos comprobado que ser jóvenes es bueno, podremos descubrir que ser viejos también lo es.
« Anterior // 1 2 3 4 5 6 7 8 // Siguiente »