El juicio, la valoración, la pretensión, no son experiencias vacías que la conciencia tiene, sino experiencias compuestas de una corriente intencional.
El reino de la verdad se divide, objetivamente, en distintas esferas. no está en nuestro albedrío el modo y el punto de deslinde entre las esferas de la verdad.
La ciencia genuina, hasta donde alcanza su verdadera doctrina, carece de profundidad. la profundidad es cosa de la sabiduría.
La meta ideal de la filosofía sigue siendo puramente la concepción del mundo, que precisamente, en virtud de su esencia, no es ciencia. la ciencia no es nada más que un valor entre otros.
Nadie carece de raíces, y empeñarse en no tenerlas es otra forma de confesarlas.