
Libros de Diego De Saavedra Fajardo
Citas del autor en versión PDF

Escritor y político español. Caballero de la orden de Santiago, fue secretario particular del cardenal Gaspar Borja (1606) y embajador de España en los Estados Pontificios, y asistió a los cónclaves que eligieron a Gregorio XV (1621) y Urbano VIII (1623). Posteriormente fue embajador en Roma (1631), en Alemania (1632) y en Ratisbona (1636), y representante de España en las conferencias de Münster (1643). Con visión realista, en sus obras propugnó una reorganización económica y el abandono de la idea imperial que España intentaba imponer a Europa. Al analizar la situación económica, indicó con acierto la pobreza agrícola y comercial del país y centró las causas en la creciente desproporción entre artesanos y labradores, de un lado, y entre eclesiásticos y letrados, de otro. Expuso como solución limitar el número de eclesiásticos y de conventos y fomentar la agricultura y la producción mediante mano de obra extranjera. Entre sus obras, cabe destacar Introducción a la política y razón de Estado del rey católico don Fernando, Empresas políticas o Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas (1640), Corona gótica, castellana y austríaca (1648) y República literaria, publicada tras la muerte de su autor (1655); esta última es una obra de juventud, que constituye una aguda sátira contra las elaboraciones teóricas y librescas y comprende una interesante visión de figuras como Garcilaso, Góngora y Velázquez. (Algezares, 1584-Madrid, 1648).
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El no esperar remedio, ni desesperar de él, suele ser el remedio de los casos desesperados.
El que compra la paz con el oro no la podrá sustentar con el acero.
El valor nunca es mayor que cuando nace de la última necesidad.
La belleza del cuerpo es un viajero que pasa
La curiosidad se atreve más contra lo que más se prohíbe.
La fortuna se mueve aprisa, y casi todos los hombres despacio. Por eso tan pocos la alcanzan.
La multitud no disimula, ni perdona, ni compadece.
Mejor se gobierna la república que tiene leyes fijas, aunque sean imperfectas, que aquella que las muda frecuentemente.
No está la felicidad en vivir, sino en saber vivir.
No se teme en los hombres el vicio, porque los hace esclavos
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