Citas del autor en versión PDF

Literato francés, n. en Elbeuf (Normandía) y m. en París. Realizó estudios secundarios en Rouen (Liceo Corneille) y superiores en Caen. Entró luego a trabajar en la empresa familiar de tejidos. Durante la I Guerra Mundial sirvió como intérprete del Estado Mayor británico. Esto, unido a su profundo conocimiento del inglés, le familiarizó con la cultura y el carácter anglosajones, que supo describir como pocos lo han hecho. En 1938 ingresó en la Academia Francesa. Durante la II Guerra Mundial negó obediencia al gobierno de Vichy, combatió por la Francia Libre y se refugió en Estados Unidos. Como escritor presenta una quíntuple faceta: novelista, biógrafo, ensayista, crítico e intérprete de la vida y cultura británicas. En la novela destaca más por la penetración y transparencia del estilo que por la hondura psicológica: Bernard Quesnay (1926), Climats (1929), Le peseur d'âmes (1931), Cercle de famille (1932), L'instinct du bonheur (1934), Les roses de septembre (1956). De la biografía, a la que aplicó su imaginación creadora, hizo un verdadero arte: Ariel ou la vie de Shelley (1923), Vie de Disraëli (1927), Don Juan ou la vie de Byron (1930), Chateaubriand (1938). El mismo arte, envuelto en una amable amenidad, puso en la crítica y el ensayo: Aspects de la biographie (1929), Introduction a la méthode de P. Valéry (1933), Un art de vivre (1939), Sept visages de l'amour (1947),À la recherche de Marcel Proust (1949), Cours de bonheur conjugal (1951), Léliâ (sobre George Sand, 1952), Olympio (sobre Victor Hugo, 1953), Portrait de la France et des français (1955), La France change de visage (1956), Les trois Dumas (1957) y Lecture, mon doux plaisir (1958). Con sus obras descriptivas del carácter (Les silences du colonel Brambel, 1918; Les discours du docteur O'Grady, 1950), los hombres (biografías citadas) y la civilización del mundo anglosajón (Études anglaises, 1927; Histoire d'Angleterre, 1937) se erigió en principal intérprete francés de este pueblo. En 1948 empezaron a aparecer sus Mémoires. (Seudónimo de Émile Herzog; 1885-1967).
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El miedo es el más peligroso de los sentimientos colectivos.
El peligro de nuestra época está en que hay escritores que creen, de buena fe, que defender el amoralismo, la apatía, la ley de la jungla o el arte infernal, es signo de valentía.
El primer deber del hombre es desarrollar todo lo que posee, todo aquello en que él mismo pueda convertirse.
El que puede prescindir del ser amado puede prescindir de todo.
El razonamiento puede servir para demostrar con alguna apariencia de solidez las tesis más absurdas.
En la conversación, como en la guerra, basta resistir un cuarto de hora más que el adversario. La tenacidad vence sobre la razón, sobre la Ciencia: reduce al adversario al silencio por medio del aburrimiento.
En los inicios de un amor los amantes hablan del futuro, en sus postrimerías, del pasado.
En muchos casos encontramos móviles nobles y heroicos para actos que hemos cometido sin saber o sin querer.
En una discusión, lo difícil no es defender nuestra opinión, sino conocerla.
Es difícil crear ideas y fácil crear palabras
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