
Libros de Alphonse De Lamartine
Citas del autor en versión PDF

Escritor y político francés. Procedía de la aristocracia terrateniente y monárquica de Borgoña. Fue uno de los más destacados poetas del romanticismo francés, con obras en las que, sin grandes innovaciones formales, introdujo la temática de los más intensos sentimientos personales en un registro lírico, como en sus Meditaciones (1820), Armonías poéticas (1830), Getsemaní (1834), Jocelyn (1836), La caída de un ángel (1839), Recogimientos (1839)… Tras una breve experiencia como militar en los inicios de la Restauración, desde 1820 siguió la carrera diplomática, sirviendo sobre todo en Italia. Durante el reinado de Luis Felipe de Orléans pasó a la actividad política, desde que fuera elegido diputado en 1833. Paulatinamente se fue alejando de su educación conservadora e inclinándose hacia posiciones liberales más avanzadas, hasta simpatizar con los republicanos. Participó en la oposición a Guizot, reclamando una reforma electoral democrática; y la Revolución de 1848, que derrocó a Luis Felipe, le llevó a presidir el gobierno provisional. Confiando en sus viejos ideales de libertad y fraternidad, rehusó reforzar su poder personal y contribuyó a que la Segunda República tuviera un ejecutivo colegiado. También se esforzó por moderar las tendencias populares radicales. Todo ello le hizo perder influencia, contribuyendo a su aplastante derrota por Luis Napoleón Bonaparte en las elecciones presidenciales de diciembre de 1848. Fracasado el sueño de Lamartine de servir de punto de encuentro para todos los partidos del régimen, acabó por abandonar la política tras el golpe de Estado protagonizado por Luis Napoleón en 1851. Derrotado y arruinado, pasó sus últimos años escribiendo por dinero novelas populares, biografías, ensayos históricos y sus propias memorias. (Mâcon, 1790 - París, 1869).
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A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.
Demos al mendigo el pan que nos pide, al huérfano un hogar, al preso la libertad.
Después de la propia sangre, lo mejor que el hombre puede dar de si mismo es una lágrima.
El hombre es un dios caído que se acuerda del cielo.
La abnegación no cambia de valor porque cambie de causa.
La casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiere ocurrido pedir.
La crítica es la fuerza del imponente.
La guerra no es más que un asesinato en masa, y el asesinato no es progreso.
La nobleza del plebeyo consiste en no avergonzarse del nombre de su padre.
No hay peores tiranos que los esclavos, ni hombres más soberbios que los salidos de la nada.
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