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Seudónimo de Alejandro Rodríguez Álvarez, escritor español. Luego de estudiar en las universidades de Oviedo y Murcia y licenciarse en pedagogía en Madrid (1926), ejerció el magisterio en Les (Valle de Arán). Ya bajo la República, dirigió el teatro de la Misiones Pedagógicas, para el que escribió sus primeras obras, pequeñas piezas como Sancho Panza en la Ínsula. Personifica, en el teatro moderno español, el intento de introducir un hálito de sugestión lírica por en medio de la escena realista y costumbrista, sin modificarla en su técnica y su perspectiva, pero ensanchándola psicológicamente. Es sintomático que sea un leitmotiv de Casona el tema de «la casa de los sueños», o sea, el ámbito donde los ilusos y los locos creen que sus ilusiones son ciertas, rechazando la realidad como menos real cuando chocan con ella. Este tema aparece en La sirena varada (premio Lope de Vega, 1937), mezcla de realidad y fantasía, y sobre todo en Prohibido suicidarse en primavera (1937), pero toca más o menos varias de las restantes obras del autor. En un sentido diverso merece recordarse Otra vez el diablo (1935), como juego irónico sobre las viejas tradiciones de pactos y tentaciones demoniacas.
Pero quizá lo más característico de Casona sea su dimensión seriamente poética, en un tono simbólico que hace pensar en Maeterlinck; así, La dama del alba (1944), alegoría de la muerte en figura suave y hechizadora. Más ocasional fue el engagement social del dramaturgo en Nuestra Natacha (1936). En conjunto, la obra de Casona conjuga el éxito de público con un designio de digna altura literaria. Al regreso de su exilio en América, iniciado a la caída de la República, escribió una biografía escenificada de Quevedo, El caballero de las espuelas de oro (1964), su última obra.(1903 Tineo (Ast.)-1965 Madrid).
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Mejor aplicar el llanto siempre que sea posible, como la medicina antigua aplicaba la sangría.
No basta con ser joven. es preciso estar borracho de juventud. con todas sus consecuencias.
No es más fuerte la razón porque se diga a gritos.
No hay ninguna cosa seria que no pueda decirse con una sonrisa.
Si eres feliz, escóndete. no se puede andar cargado de joyas por un barrio de mendigos. no se puede pasear una felicidad como la tuya por un mundo de desgraciados.
Vale más sembrar una cosecha nueva que llorar por la que se perdió.
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