La elocuencia es el arte de abultar las pequeñas cosas y disminuir las grandes.
No te contentes con hablar a las gentes de bien: imítalas.
Solamente en dos ocasiones has de hablar: cuando sepas fijo lo que vas a decir, y cuando no lo puedas excusar. Fuera de estos dos casos, es mejor el silencio que la plática.
Una colección de bellas máximas es un tesoro más estimable que las riquezas.